LO ERÓTICO, LO GROTESCO Y EL CINE
Main Article Content
Abstract
Caminando por un cementerio dos caballeros observan el trabajo de un
sepulturero. En el interior de una tumba el hombre cava y canta alegremente.
Al más joven lo horroriza la manera de trabajar del enterrador y comenta a
su compañero su impresión. Permanecen en el mismo sitio y observan ahora
cómo el sepulturero saca algunas calaveras del hoyo y las lanza por el aire sin
consideración. Ante este hecho los jóvenes inician una conversación sobre lo
que sería la vida de aquellos huesos hoy maltratados. Sus razonamientos los
llevan a establecer sus profesiones, sus modos de operar en la sociedad y a
examinar cómo el poder y el dinero que esgrimían vivos nada puede hacer
por ellos ante el despotismo de la muerte y del sepulturero. Enseguida los
caballeros se acercan al trabajador y el más joven le indaga sobre su tiempo en
el oficio, el porqué de la locura del Príncipe del país y de la espera que se debe
tener para que un cuerpo se pudra en la tierra. Todo esto sucede mientras el
hedor de la muerte fatiga el olfato de los caballeros y el enterrador responde
con humor, grosería e irrefutable verdad a las preguntas.